El sentido de la vista es uno de los sentidos más intrigantes en los humanos. ¿Tenemos la capacidad de ver lo mismo? ¿Detectamos de igual forma los colores? Estas son preguntas que siempre me han cautivado.

Las imágenes y la memoria están más relacionadas de lo que creemos.

Considerando el tamaño tan pequeño de las capas llamadas retinas con las que percibimos la información visual, es impresionante que percibamos todo un mundo visual en tres dimensiones.

 

Nuestros sensores visuales

La retina responde a las fuentes de luz que nos rodean. ¿Pero qué es y cómo funciona la retina?

La retina es una capa de tejido que se encuentra en la parte posterior del globo ocular y está formada por células fotorreceptoras, es decir, por células que reciben y procesan la luz.

La retina está formada por dos tipos de células principalmente:

  • bastones y
  • conos.
Las imágenes y la memoria
Las celulas de la retina. Imagen de Shutterstock.

Los bastones se encargan de la visión periférica y son las células que nos ayudan a ver en condiciones de muy poca iluminación, porque tienen una alta sensibilidad a la luz.

Los conos son las células que perciben el detalle de los objetos y también perciben el color.

Estas células fotorreceptoras están agrupadas más densamente a medida que se acercan al centro de la retina, una región de 0,3 mm de diámetro llamada fóvea.

La fóvea es el área de la retina a la que le corresponde el centro de nuestra visión, donde la resolución está al máximo.

En palabras simples, la fóvea es el área que nos permite centrar la mirada en un punto específico.

Cuando fijas tu mirada en un punto, el detalle de los objetos va disminuyendo progresivamente a medida que se alejan del centro del foco de tu mirada.

Es decir, mientras más alejado del centro de tu mirada esté un objeto, más borroso lo verás. A esa región borrosa de tu vista se le llama vista periférica.

las imagenes y la memoria
Nuestra vista no funciona recreando una imagen perfecta de toda la escena, sino se enfoca en un punto. La calidad de la imagen va disminuyendo a medida que se aleja de nuestro centro de enfoque. Es decir, mientras más alejado esté un objeto de nuestro centro de enfoque, más borroso se verá. (Profundidad de campo, imagen de Shutterstock).

 

Las imágenes y la memoria: El movimiento no visual de los ojos

A medida que vemos nuestro entorno, nuestros ojos “escanean” el mundo que nos rodea. Esto le permite a nuestro sentido de la vista dirigir la fóvea hacia un punto específico que nos interesa.

Estos movimientos involuntarios de los ojos se les conoce como “movimiento sacádico ocular”, y normalmente hacemos este movimiento ocular sacádico tres veces por segundo.

Pero un estudio de los Doctores Enrlichman y Micic (2012) sugieren que las imagenes y la memoria no siempre están directamente conectados. 

Su estudio propone que los humanos movemos los ojos el doble de rápido cuando estamos “buscando” en nuestra memoria a largo plazo.

En este video, el portero de la selección de México habla en francés. Pero nota cómo a partir del segundo 26 empieza a mover los ojos.


Esto ocurre porque su cerebro está haciendo un esfuerzo mayor en procesar un idioma que no es su idioma materno.

Las tareas que implican información semántica y fluidez verbal fonémica, y las tareas que nos implican recordar palabras cifradas en un nivel profundo de nuestro procesamiento, producen un mayor porcentaje de movimiento ocular (Enrlichman y Micic).

Lo interesante del estudio es que describe que este movimiento sacádico ocular ocurre también cuando la gente está en la oscuridad e incluso cuando tiene los ojos cerrados.

Los investigadores explican que este movimiento parece no cumplir ninguna función visual.

 

Nuestro sistema óptico “selecciona” lo que vemos

El constante movimiento involuntario de los ojos implicaría que tendríamos que ver el mundo que nos rodea de forma muy inestable.

¿Has visto las escenas de una cámara que se mueve rápidamente? Pareciera que está filmando un gran terremoto. Pero aquí es donde la naturaleza muestra lo impresionante del cuerpo humano, y lo mucho que supera a la tecnología.

La información que llega a través de nuestros ojos es suprimida durante los movimientos sacádicos oculares. Es decir, nuestra vista “no graba” imagenes durante el moviemiento de los ojos.

De otra forma veríamos un constante desenfoque de movimiento.

Debido que el cerebro omite la información que llega cuando los ojos se están moviendo, percibimos visualmente nuestro entorno sólo durante las fijaciones de la vista, los cortos períodos de tiempo (aproximadamente 200 a 300 milisegundos) en los que el ojo se queda quieto.

Durante cada fijación, debemos seleccionar la información visual que sea más relevante para llevar a cabo la tarea que estamos ejecutando.

 

La memoria visual ayuda a construir la escena

Cuando estudiamos la relación de las imágenes y la memoria, debemos considerar la memoria visual.

Nuestro cerebro no interpreta el 100% de un estímulo visual desde cero, sino construye una imagen a partir de experiencias visuales previas.

Por otro lado, los procesos de selección que hace el cerebro le permite procesar información importante y descartar la irrelevante.

Por ejemplo, este estudio basado en realidad virtual, reveló que los participantes percibieron los cambios en un objeto sólo si el objeto es relevante para la tarea que el cerebro quiere ejecutar en el momento el cambio.

En este estudio, si a los participantes se les pedía clasificar ladrillos de acuerdo a su tamaño, era más probable que notaran cambios en el tamaño de los ladrillos virtuales, que si sólo se les pedía que los levantaran a medida que aparecían.

Para determinar qué es y qué no es importante para una tarea dada, una persona necesita una forma de retener información a lo largo del tiempo.

Aquí es donde entra en juego la memoria visual, que está dividida en memoria a corto plazo y memoria a largo plazo.

La comunidad científica solía pensar que la memoria visual a corto plazo representaba nuestro entorno físico en detalle, uniendo información visual de cada fijación de los ojos (el momento en que los ojos no están en movimiento) para construir una imagen mental muy detallada de lo que nos rodea.

Sin embargo, estudios más recientes han demostrado que los humanos normalmente no notamos cambios en el ambiente visual cuando estos cambios ocurren fuera de nuestro centro de atención visual.

A esto se le conoce como ceguera del cambio. 

Te invito a hacer este ejercicio propuesto por Chris Chambers. Fija tus ojos en el centro de este video.

La investigación sobre estos fenómenos interesantes de la vista y sus mecanismos asociados ha demostrado que los humanos construimos una versión más bien esquemática de nuestro entorno, en vez de una imagen super detallada.

Esta versión esquemática de nuestro entorno es típicamente conocida como la esencia de la escena (scene gist). ¿Estamos viendo una playa? ¿Una ciudad? Loschky et al. indican que el ojo humano necesita sólo 36 milésimas de segundo para identificar esta esencia de una escena.

Inferimos entonces que las imágenes y la memoria, o más bien, el sentido de la vista y la memoria trabajan en una relación de co-dependencia.

Es decir, el cerebro necesita del aparato ocular para captar la información visual, pero también necesitamos de nuestra memoria, para interpretar lo que estamos viendo, en base a experiencias previas.

Si el cerebro no cumpliera su función de procesador visual, la información visual que recibimos a través de nuestros ojos resultaría en un caos en nuestro cerebro.

Es fácil maravillarse por esos mecanismos que hacen que la naturaleza del cuerpo humano supere por mucho a la tecnología.

La memoria visual y la atención trabajan de la mano para permitir una transición fluida de una fuente de información a otra.

Es así como estos procesos físicos en nuestro cuerpo le permiten a nuestro cerebro crear una percepción coherente del mundo que nos rodea.

Consultor de Marketing Digital y Branding. Apasionado por el Neuromarketing y la tecnología que está cambiando la forma en que nos comunicamos.