El preocupante caso de la separación de niños migrantes en la frontera sur de Estados Unidos se ha convertido en un tema relevante en el que tanto sociedad como entidades internacionales han expresado su preocupación.

Si bien este fenómeno provoca opiniones divididas, hay un aspecto que no ha recibido tanta atención: ¿Qué dice la neurociencia de los posibles efectos de la separación de niños migrantes de sus familias?

Para entender esto, la doctora Erin Digitale, de la Universidad de Stanford habló con el experto en traumas infantiles Víctor Carrión.

Dicha entrevista ya está publicada en el blog del Hospital Infantil Lucile Packard de Stanford.

De dicha entrevista, recogemos un dato crudo y aterrador:

Carrión estima que del 40% al 90% de niños que han sido separados de sus padres en la frontera padecerán de Desorden de Estrés Postraumático a lo largo de sus vidas.

 

El cambio de opinión de Trump genera incertidumbres

Aún cuando el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva para terminar con las separaciones familiares, dicha ley deja mucha incertidumbre sobre el trato que deberían recibir los niños migrantes, especialmente los niños que ya han sido separados de sus padres.

El Dr. Carrión ha expresado su preocupación sobre cómo esta separación forzosa afectará a largo plazo a más de 2,300 niños.

Sobre todo porque según el experto, los traumas en la infancia tienen serios efectos en el cerebro. Carrión lo explica así:

Tener un cerebro joven y vulnerable que aún se está desarrollando te pone en desventaja cuando te pasa algo traumático. Las hormonas secretadas como respuesta al estrés alteran estructuras cerebrales y su función.

Carrión continúa: “Cuando estamos bajo estrés, secretamos una hormona llamada cortisol. Cuando la situación que provoca la producción de cortisol persiste por un período extendido de tiempo, los altos niveles de cortisol pueden volverse tóxicos para el desarrollo de las neuronas.

Un nivel alto de cortisol afecta especialmente a las neuronas que tienen más receptores glucocorticoides.

Estos receptores regulan los genes implicados en el desarrollo, metabolismo y respuesta inmune.

Las áreas del cerebro que son más fuertemente afectadas incluyen la corteza prefrontal, el sistema límbico y las conexiones límbico-frontales, las cuales vinculan la vida emocional con la cognitiva.

En estas regiones cerebrales es donde almacenamos los recuerdos, donde echamos mano de nuestra memoria.

Carrión cree que los cambios en el cerebro que responden a niveles altos de cortisol son los responsables de la ansiedad, depresión y el desorden de estrés postraumático que son comunes en los supervivientes de abuso y trauma.

Carrión explica por qué ser separado de tus padres es la cosa más estresante que un niño puede experimentar

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