Existen algunas diferencias entre el cerebro conservador y el cerebro liberal que van más allá de los aspectos biológicos. La neurociencia política nos ayuda a entenderlas.

Vamos a caminar hacia el Capitolio, y vamos a alentar a nuestros congresistas. Vamos a caminar, y yo iré con ustedes al Capitolio” fueron las palabras que envalentonaron a los fervientes seguidores de Trump, quienes tomaron el Capitolio el 6 de enero del 2021.

Y claro, los medios de comunicación, en especial los que se decantan hacia las ideas liberales, no tardaron en difundir las escenas de los disturbios y el  fragmento del mitin del expresidente, elementos que incendiaron (otra vez) las redes sociales.

Los últimos meses del gobierno del ex presidente Trump acentuaron muy fuertemente las diferencias entre liberales y conservadores en una vorágine de eventos que culminaron en la victoria de Joseph Biden, un candidato que, por sí sólo y sin la coyuntura social que provocó Trump, quizás no hubiera llegado muy lejos.

Esos turbulentos meses nos llevaron a preguntarnos si en algún momento la sociedad norteamericana podría llegar a un consenso productivo, una idea que en ese momento, se planteaba lejana y utópica.

Y aunque la agitación suscitada en Estados Unidos tuvo una impresionante cobertura mediática en todo el mundo, es innegable que similares diferencias son sensibles también en varios países de Latinoamérica (si no es que en todos).

Pero al parecer, las diferencias entre liberales y conservadores van más allá de una simple cosmovisión en esferas políticas. 

 

Analizando las diferencias entre el cerebro conservador y el cerebro liberal

En su libro Predisposed, los investigadores políticos Kevin Smith y John R. Alford, plantean que si las diferencias entre liberales y conservadores parecen infranqueables es porque tienen su origen en características de personalidad y predisposiciones biológicas.

Smith, hace la aclaración: el título “Predispuestos”, no significa que seamos incapaces de cambiar de opinión. Estar predispuestos no nos hace ser “impersuadibles” ni tampoco significa que estamos predeterminados a actuar de cierta forma. Pero estar predispuesto, es la identificación de patrones que podrían sugerir determinada inclinación.

 

“Estar predispuestos no nos hace ser “impersuadibles”; sólo significa que será más difícil” – Kevin Smith

En términos generales, el libro propone que los conservadores desean

  • Seguridad
  • Predictibilidad y
  • Autoridad

en sus vidas, mientras que los liberales están más cómodos con 

  • La novedad
  • Los matices
  • La complejidad

 

¿Existe el ADN conservador y el ADN liberal?

En cuanto a las diferencias entre el cerebro conservador y el cerebro liberal, los autores del libro Predisposed opinan que no existe tal cosa como los genes republicanos o los genes demócratas.

O para decirlo de forma más universal, no existe el ADN de izquierda ni el ADN de derecha. Sin embargo, los genes constituyen la infraestructura biológica de nuestros sistemas sensoriales y cognitivos.

 

La arúgula te delata

Un dato interesante que los autores proponen es que en efecto, sí hay una diferencia entre los sistemas sensoriales y sistemas cognitivos de los liberales y los conservadores. 

Estas diferencias nos llevan a experimentar el mundo de una forma diferente. Smith agrega que nuestros receptores sensoriales, especialmente los receptores gustativos, sí están influenciados por nuestro ADN.

Smith y Alford señalan que basados en nuestro set de genes, algunas personas piensan que la arúgula sabe deliciosa, y otras piensan que sabe a lechuga podrida.

Y no es casualidad que los autores mencionen la arúgula como ejemplo. 

En la cultura política estadounidense, la arúgula es un ícono que hace referencia a los gustos citadinos y  elitistas del ex presidente Barack Obama, quien mencionó esta hortaliza en una conferencia en la que se dirigía a los granjeros de Iowa, lo que se consideró un metida de pata.

el cerebro conservador y el cerebro liberal

el cerebro conservador y el cerebro liberal

 

Pero ¿hay diferencias visibles entre el cerebro conservador y el cerebro liberal?

La revista Scientific American señala que si tomáramos una resonancia magnética de un conservador y un liberal, es probable que encontremos diferencias, especialmente en las áreas que procesan la información social y emocional.

El volumen de materia gris, o células neuronales que forman la Corteza Cingulada Anterior (un área que ayuda a detectar errores y resolver conflictos), tiende a ser mayor en los cerebros de los liberales.

cerebro conservador y cerebro liberal
Cortex del Cínculo Anterior. Copyright © Society for Neuroscience (2017)

 

Por otro lado, la Amígdala, una estructura relacionada con la regulación de emociones y evaluación de amenazas, tiende a ser mayor en los conservadores.

Amigdala
Amigdala. Copyright © Society for Neuroscience (2017)

 

Somos una gama de claroscuros

Si bien estos hallazgos son notablemente consistentes, al final siguen siendo probabilidades, no certezas, lo que significa que hay mucha variabilidad individual. 

En una entrevista, el actor Matt Damon comentaba que cuando nos envolvemos emocionalmente en un relato, tendemos a hablar de absolutos, identificando a los protagonistas y antagonistas, “los buenos y los malos”.

Pero la vida real, añadía el actor, es más compleja que eso. “los seres humanos somos una gama de claroscuros”.

Y la diversidad en la opinión política queda muy bien ilustrada en estas ideas del ilustre actor.

El panorama político incluye liberales que poseen armas, conservadores a los que les interesa mucho el cuidado del medio ambiente, y les gusta por ejemplo la arúgula

Y así se van entretejiendo en nuestra vida una serie de intereses que parecerían contradictorios.

Y aunque el entorno en donde crecemos es un importante factor para la conformación de nuestra cosmovisión política, no podemos generalizar. Algunos pensadores liberales han surgido precisamente de un seno familiar profundamente conservador. Y viceversa.

El analista político Phillip Chicola, apunta que la derecha ni siquiera es un una categoría ideológica única, y que dentro de esta visión política hay subcorrientes de pensamiento como:

  • conservadores tradicionalistas
  • conservadores liberales
  • liberales clásicos
  • libertarios
  • anarcocapitalistas
  • liberales sociales
  • ordoliberales
  • demócratas cristianos o socialcristianos

Esto sin tomar en cuenta las escuelas económicas, agrega el analista. Y del otro lado del espectro político, las subdivisiones son igual o más variadas que la derecha.

El sitio Individual Differences Research tiene un interesante test político izquierda / derecha que se basa en los hallazgos de los autores de Predisposed.

 

Más allá de las corrientes de pensamiento y diferencias biológicas

Pero el valor que aportan todos estos datos se quedaría muy corto si delimitamos la discusión a las diferencias biológicas del cerebro conservador y el liberal. O si nos quedamos analizando cada una de las variables posibles dentro de cada cosmovisión.

Afortunadamente los estudios de neurociencia política han empezado a avanzar más allá de la descripción de las diferencias estructurales y funcionales del cerebro.

Ahora podemos encontrar investigaciones más profundas que señalan cómo ciertos procesos cognitivos subyacen a nuestro pensamiento social y político

El libro Advances in Experimental Social Psychology de Bless, N. y Schwarz, H.  (al que hacemos referencia en el enlace anterior), menciona un estudio en el que se usaron dos tipos de pruebas sobre ideología política:

  • Tests explícitos y
  • Tests implícitos

El libro sugiere que si bien los autoinformes de los participantes sobre la ideología política son suficientes para predecir lo que podrían decir que consideran moralmente relevante, los tests implícitos brindan información adicional sobre los procesos de juicio que los llevarán a actuar (no sólo a pensar, o decir) de cierta forma.

Y este estudio nos recuerda a los casos de la inesperada victoria del BREXIT y de la sorpresiva victoria de Donald Trump en las elecciones de 2016. Sorpresiva porque varias encuestas pronosticaban una victoria de Hillary Clinton.

Lee también: La Espiral del Silencio en las elecciones 2020

En este video, el centro de investigación Pew Research Center plantea tres posibles causas del por qué las encuestas fallaron, y dos de ellas tienen que ver con sesgos cognitivos y conductas condicionadas por lo que se consideraba socialmente aceptable:

 

Ser conservador o liberal, valores y visión de lo moral

¿Pero realmente son muy profundas las diferencias entre el cerebro conservador y el cerebro liberal?

¿Las personas en extremos opuestos del espectro político tienen diferentes reacciones automáticas a varias señales morales, o experimentan las mismas reacciones morales intuitivas y las respaldan de manera diferente? 

Bless y Schwarz sugieren que las reacciones implícitas de los liberales «se parecen» a las opiniones respaldadas por los conservadores, pero que los liberales luego suprimen o corrigen estas primeras reacciones cuando informan sobre sus opiniones explícitas.

En su libro The Righteous Mind, Jonathan Haidt investiga el origen de la moral en los humanos con esta pregunta ¿La moral es natural o es nutrida? Es decir, ¿venimos con un sentido de moralidad o esta es aprendida?

Haidt propone en este libro que las diferencias de puntos de vista en temas como religión y política vienen de la conformación de la moral, que se origina, según el autor, de nuestra intuición, de nuestro instinto, y luego el mecanismo de razonamiento interviene para justificar nuestro modelo de valores.

The Righteous Mind plantea una queja válida para la sociedad actual: las personas somos muy rápidas para denigrar otros puntos de vista sin considerar completamente esos puntos de vista.

 

Quizás la clave para llegar a ese acuerdo productivo para una sociedad no sea tratar de persuadirnos unos a otros, sino tratar de entender que tenemos cosmovisiones diferentes, valores diferentes y que estar en el extremo opuesto del espectro político, no nos hace necesariamente ser los antagonistas de esta historia.

4 Comentarios

  1. Estoy muy de acuerdo con que quizás la clave para llegar a ese acuerdo productivo para una sociedad no sea tratar de persuadirnos unos a otros, sino tratar de entender que tenemos cosmovisiones diferentes, valores diferentes y que estar en el extremo opuesto del espectro político, no nos hace necesariamente ser los antagonistas de esta historia.

    • Muchas gracias por leerlo Daniela y gracias por tu comentario. En la medida que lleguemos a entender el origen de nuestras diferencias, podremos tener discusiones más objetivas y productivas, y sobre todo, discusiones que se planteen en el campo de las ideas. ¡Saludos!

  2. Creo que es muy importante saber que todos podemos tener opiniones diferentes, visiones diferentes de la vida . El problema es que se etiquetan estas maneras de pensar y se les ponen nombre , de esta manera vamos con la etiqueta de liberal, progresista o de conservador y se hacen antagónicos, se mezclan otras cosas que poco o nada tienen que ver con esto y se producen enfrentamientos, salta la chispa .Los políticos son muy dados a estas manipulaciones. La guerra Civil española es un claro ejemplo de todo esto. l

    • Gracias por tu comentario Silvia. Muy acertado eso de que ponemos etiquetas a las maneras de pensar, (muchas veces de forma despectiva!). Definitivamente encasillar a una persona por una opinión, es simplificar la discusión. ¡Saludos!

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