Las declaraciones y decisiones de algunos líderes políticos en cuanto al uso de mascarillas no han sido del todo acertadas. Tomando en cuenta estos tres aspectos de la conducta humana, podemos comunicar su importancia de forma más efectiva. 

El uso de mascarillas ni siquiera debería estar en discusión, independientemente de si las personas se sienten enfermas o no. 

Incluso, algunos opinan que deberíamos adoptar la habilidad de fabricar nuestras propias mascarillas reutilizables.

Si los países que están manejando de mejor forma la pandemia han implementado la mascarilla dentro de sus medidas, y varios epidemiólogos han expuesto su efectividad, ¿por qué es tan difícil convencernos de su importancia en estos momentos?

Un artículo de Bloomberg detalla los países que mejor han manejado la pandemia. Al momento de escribir esto, Irlanda lidera el ranking.

Dentro de las prácticas que han implementado estos países, según detalla este artículo, está el rastreo de contactos, pruebas masivas y por su puesto, el uso de mascarillas y el lavado de manos.

 

El uso de mascarillas en Asia

China como ya es usual, va a la vanguardia de la vigilancia ciudadana.

Las autoridades usan drones equipados con altoparlantes para amonestar a las personas que no usan mascarillas en espacios públicos.

El gobierno de Corea del Sur  racionó las mascarillas, alternando los días que la gente podía comprar un número limitado.

Esta medida garantizó que siempre hubieran mascarillas disponibles para todos los ciudadanos.

En Taiwán y Hong Kong las autoridades se aseguraron de usar mascarillas en apariciones públicas, en las que eran escoltados por asistentes que también portaban una.

 

El uso de mascarillas y líderes de Occidente

Esta comunicación consistente de parte de las autoridades en la mayoría de países asiáticos contrasta con las actitudes de algunos líderes de occidente que han generado confusión, desconfianza y críticas.

Similares declaraciones se repitieron en otros países:

Durante 2020, el Dr. Jerome Adams, la principal autoridad sanitaria de los Estados Unidos en ese entonces, dijo en repetidas ocasiones que las mascarillas no eran efectivas para prevenir los contagios.

Pero como se demostró desde el inicio de la pandemia, las recomendaciones del Dr. Adams no tenían sustento desde un punto de vista epidemiológico.

Más allá de la confusión creada por unas declaraciones que en principio pudieron tener buenas intenciones, el doctor Jerome Adams no tomó en cuenta la psicología del consumidor, la psicología de las masas.

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La gravedad de esto radica en que las declaraciones inducen interpretaciones que resultan en conductas, y en el curso del tiempo, pueden haber costado cientos de vidas.

Sin embargo, todos los que trabajamos en comunicación o estudios del comportamiento humano, podemos aportar divulgando los mensajes de salud pública de una forma que tome en cuenta estas conductas humanas:

 

La escasez incita el acaparamiento

Primero, es cierto que las compras masivas de equipo de protección podrían generar una escasez que terminaría afectando al personal médico. 

Pero la sola insinuación de escasez, fomentaría el acaparamiento. 

La heurística de la escasez, bien conocida por los psicólogos sociales, nos dice que es más probable que las personas le asignen un valor más alto a un producto cuando de repente se vuelve escaso. 

Decirle a la gente que hay un problema con las mascarillas solo hace que sea más probable que se abastezcan antes de que se agoten los suministros.

En lugar de decirle a la gente que deje de comprar mascarillas, las autoridades deberían seguir los pasos implementados en Corea del Sur y racionar ciertas mascarillas mientras haya una escasez crítica. 

Las mascarillas como las N95 o KN95 de alta resistencia y otros medios de protección de grado médico deberían garantizarse para los hospitales y otros centros de atención, y sólo cuando estos estén totalmente abastecidos, debería permitirse la compra en volumen por parte de individuos.

Pero incluso en este planteamiento hay que tomar en cuenta que las conductas humanas pueden resultar impredecibles y en contra del beneficio común. En el medio hospitalario se sabe de personal que roba suministros para revenderlos.

 

La prueba social cambia la conducta humana

La adopción de una conducta es más fácil si es una práctica común en nuestro entorno. O dicho en el lenguaje de redes sociales “normalicemos el uso de mascarillas”.

Es cierto que las mascarillas en sí mismas no previenen todas las infecciones. 

Sin embargo, usar mascarilla es más efectivo para prevenir transmisiones que por ejemplo sólo el lavado de manos. Incluso, la efectividad de la mascarilla aumenta cuando se combina con otras prácticas de higiene.

Lo interesante es que cuando las personas saludables usan mascarilla, no sólo protegen a las personas a su alrededor, sino también ejercen una influencia inesperada.

Las personas necesitan la prueba social para cambiar su conducta. Pedirle sólo a las personas enfermas que usen mascarillas no tendría mucho sentido, puesto que la mascarilla se empezaría a interpretar como una señal de enfermedad.

Cuando ocurrió el brote de la gripe denominada H1N1, algunos países requerían el uso de mascarillas. Ante la ignorancia de la mayoría de nosotros sobre medidas de prevención de epidemias, era común que evitáramos pasar cerca de las personas que usaban mascarillas.

Pero como sabemos ahora, el COVID-19 puede ser transmitido de una persona a otra, incluso si la primera no presenta síntomas, si no sabe que está contagiada.

Cuando el uso de mascarillas se vuelve común y socialmente aceptable en nuestros círculos sociales y laborales, podemos limitar la propagación del virus.

 

La falta de claridad daña la credibilidad

El tercer error que cometió el Dr. Adams fue dejar de explicar por qué las mascarillas son más necesarias para el personal médico.

La ambigüedad, la falta de especificidad y claridad pueden llevar a interpretaciones y prácticas peligrosas.

El Dr. Adams debió aclarar su mensaje y comunicar un llamado a la acción claro. Las mascarillas sí reducen la transmisión, y hay alternativas para dejar de comprar equipo médico en masa.

Este también es un llamado a los líderes de opinión y líderes religiosos y comunitarios. Si sus mensajes se caracterizan por la claridad, la simplicidad, la franqueza, y sobre todo, si están basados en datos científicos, lograrán que sus comunidades tengan prácticas más saludables.

En vez de mensajes confusos, podemos usar la prueba social para normalizar el uso de mascarillas. En vez de quedarnos sólo con publicaciones en redes sociales, hagamos que la mascarilla se vuelva en nuestro acto de solidaridad.

Cuando usamos la mascarilla, demostramos empatía; demostramos que estamos en esto juntos.

 


Photo by Sylwia Bartyzel on Unsplash

Basado en el artículo «Why We Should All Be Wearing (and Making) Face Masks Right Now» de Nir Eyal.

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