Las tres barreras mentales en la toma de decisiones

Las tres barreras mentales en la toma de decisiones

Nuestro cerebro está constantemente en búsqueda de ahorrar energía. No es para menos. Se trata de tan solo el 2% de nuestro peso corporal, pero requiere el 20% de la energía y el 25% del oxígeno para funcionar. Así, ahorrar energía, es más que un fin práctico, se trata de una cuestión de supervivencia.

Tomar decisiones es un proceso que, como cualquier otro, requiere energía. Por eso se hace importante convertirlo en uno que sea eficiente y rápido. De lo contrario, no solo vamos a requerir enormes cantidades de energía, sino que además, nos arriesgamos a sufrir algo llamado “parálisis por análisis”.

 

La parálisis por análisis

El escritor argentino Eliseo Samuel Monteros escribió un corto relato llamado “El hombre que pensaba demasiado”.

Cuenta la historia de un hombre que está por ser ejecutado, a pesar de ser inocente del crimen del que se la acusa. El encargado de dar la orden de ejecución sospecha de su inocencia y está dispuesto a dejarle libre si contesta a la pregunta: “¿se considera inocente?”.

El asunto está en que debía responder en menos de un minuto o la ejecución se mantenía. El acusado sabía que la pregunta se refería específicamente al crimen en cuestión. Pero no pudo contener su naturaleza excesivamente analítica y pensar, que aunque era inocente de ese crimen, era culpable de otros actos.

El debate con su propia conciencia fue tan intenso, que simplemente no pudo dar una respuesta sencilla y perdió la oportunidad de salvar su propia vida.

Este cuento resulta ser un ejemplo muy sencillo de la parálisis por análisis. Se trata de una estado mental en el que las personas se dedican a sobrepensar y sobreanalizar tanto una situación, que no se llega nunca a tomar una decisión o una acción.

Te recomendamos leer: Parálisis de la decisión, la cantidad de opciones puede afectar tus ventas

¿Cómo era la vida antes de Google, antes de que tuviéramos acceso a información virtualmente ilimitada? Me cuesta trabajo recordarlo.

Lo que sí es cierto, es que la posibilidad de acceder a tanta información, lejos de darnos el poder de tomar mejores decisiones, muchas veces se transforma en un obstáculo, porque ha incrementado el miedo de tomar la decisión equivocada.

 

Las tres barreras mentales

La pregunta, entonces, es: ¿Cómo puede nuestro cerebro conciliar su necesidad de tomar decisiones rápidas (para ahorrar energía) ante la posibilidad de tener información que le podría ayudar a tomar mejores decisiones y el miedo a tomar la equivocada?

Nuestro cerebro tiene su propio sistema de contingencia. Hay tres barreras mentales en la toma de decisiones:

 

1. No podemos procesar toda la información que nos brinda el mundo:

Piensa en toda la información que tenemos que procesar a cada momento, es como tener dos entradas de video de alta resolución  (la vista) y una fuente de audio constante (el oído). Luego está todo lo el resto de sentidos puede decirte: la temperatura, presión, aromas, sabores, etc.

Y no dejes atrás otros estímulos internos, tanto fisiológicos (hambre, sed, cansancio, etc.) como psicológicos (estado de ánimo, sentimientos y pensamientos).

Procesar conscientemente toda esta información no es posible, entonces el cerebro crea un filtro (que funciona a nivel inconsciente) en el que únicamente le presta atención a un par de estímulos a la vez.

De esta forma podemos tomar decisiones, considerando sólo algunas de la innumerable cantidad de variables.

 

2. Solo podemos tomar decisiones basadas en el aquí y el ahora

Nuestra capacidad de análisis predictivo es limitada. Podemos intentar adelantarnos a construir escenarios futuros de acuerdo a las decisiones que tomamos en el momento, pero es imposible saberlo con certeza o conocer todos y cada uno de esos escenarios.

Pero el cerebro no puede predecir el futuro. De hecho, aunque considere algunas consecuencias, no tendrá la capacidad de medirlas todas y esto limita las opciones. Otro proceso que ocurre de forma inconsciente.

 

3. No podemos trabajar todas las consecuencias de cada decisión

Intenta imaginar qué pasaría si por cada decisión que debes tomar hicieras una lista de pros y contras.

Tu reloj despertador activa la alarma en la mañana, ¿cuáles son los pros y contra de detener la alarma? ¿cuáles los de dejar que siga sonando?. Ahora que ya despertaste, ¿cuáles son los pros y contras de levantarte? ¿cuáles son las de volverte a dormir?

Y así, podrías seguir preguntándote lo mismo por cada actividad: lavarte los dientes, bañarte, usar zapatos, desayunar, ir a trabajar…

En la realidad no podrías realizar los cálculos que se requieren para, por ejemplo, pedir una pizza, con miles de opciones entre tipos de masa, salsas, ingredientes. Sería una cadena de análisis sin fin.

Para eso nuestro cerebro utiliza atajos, decisiones rápidas basadas en hábitos o experiencias, se les conocen como marcadores somáticos.

Te recomendamos leer: ¿qué son los marcadores somáticos y cómo utilizarlos?

 

Conclusión:

La palabra “barrera” suele asociarse a algo negativo, que te limita, pero en este caso no necesariamente es así. Estas barreras nos han servido para desarrollar mecanismos que nos permitan tomar decisiones de forma más rápida.

Para tomar decisiones rápidas debemos encontrar el equilibrio entre utilizar la información útil a nuestro alrededor, mientras reconocemos que tenemos límites naturales (útiles y saludables) que están allí para favorecernos.

 

Sobre el Autor

Ivette Gonzalez

Comunicadora social, amante de la música, las letras y la cocina, sin importar el orden en el que aparezcan. Ávida de conocimiento y aprendiz permanente de la vida.

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